Los dermataphagoides, nombre científico de los ácaros, pertenecen al nombre de los arácnidos, la misma familia de las arañas y las pulgas. Su tamaño varia desde los escasos cm. de una garrapata a los 100 micrones de las larvas de las especies más pequeñas.
Tiene su cuerpo cubierto por surcos que aumentan su superficie y le permiten mejorar la absorción de la humedad del aire. Muchos ácaros son parásitos, algunas especies cazan y otras se alimentan de organismos muertos o excrementos.
Los más importantes son los que se alojan en nuestras casas alimentándose de las partículas de polvos.
Colonizan alfombras, felpudos, bibliotecas, cortinas y algunas especies pululan en los depósitos de polvos de las aspiradoras. Son los culpables de nuestras alergias y asma. De gran importancia son los que viven en nuestras camas, colchones y almohadas. Nadie podría dormir si se detuviera a pensar que en su colchón por más limpio que esté viven, comen, defecan y se reproducen sin cesar.
Un ácaro puede vivir los 3 meses, en condiciones ideales, pero solo 10 días si la humedad es inferior al 50%.
Durante su vida un ácaro pone entre 25 y 50 huevos cada 3 semana, se reproducen todo el año pero mayormente en otoño.
Podemos decir “aunque no los veamos los ácaros siempre están”.